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Cita del día
"Las características virtuosas son el fundamento de una vida cristiana, al igual que la manifestación externa del hombre interior." (Obispo H. David Burton, 'Deja que la virtud engalane tus pensamientos', Liahona Noviembre 2009).
Como una forma de tender puentes de amistad y colaboración entre la Iglesia y la comunidad, instamos a los líderes locales a extender invitaciones a las respectivas autoridades comunales, para que participen en las actividades de celebración de Fiestas Patrias 2010, en las distintas unidades a través del país.
Muchos pasajes de las Escrituras me han orientado, consolado y animado en aquellos momentos en que he necesitado de la guía y amor que solo nuestro Salvador es capaz de entregar. Sin embargo, una de ellas en particular se ha convertido en un aliciente constante en mi vida; una premisa a seguir:
"... de modo que los que creen en Dios pueden tener la firme esperanza de un mundo mejor, sí, aun un lugar a la diestra de Dios; y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras, siendo impulsados a glorificar a Dios." (Éter 12:4).
Sé que la fe necesaria para poder alcanzar la vida eterna requiere un esfuerzo diario por vivir los principios del Evangelio en mi propia vida, en mi hogar y en cada lugar en donde me desenvuelva, tanto a través de mis palabras como también de mi actuar. Al leer detenidamente este versículo, me llaman particularmente la atención dos palabras que utilizó el profeta Éter: abundandosiempre. ¿Qué representa la palabra abundar para nosotros? Para mí, el término abundar es una invitación a ir más allá de lo que normalmente haríamos o consideraríamos como suficiente; muchas obras buenas que llegan a hacerse tan frecuentes que inundan nuestro vivir y nuestro actuar. Por otra parte, siempre significa sin fallar ni una sola vez.
Al estar con esta esperanza en nuestros corazones, nuestra actitud frente a la vida cambia, somos felices al comprender quiénes somos y de quién es esta Iglesia. Comenzamos a trabajar anhelosamente por mejorar nuestras vidas a través de la obediencia a los mandamientos. Este es el momento en que el Evangelio se convierte en un ancla para nosotros, para nuestras almas, para nuestras familias; y ahí es cuando nos hacemos seguros y firmes dando los frutos que nuestro Padre Celestial espera de nosotros.
Finalmente, esta escritura nos recuerda quiénes somos y a quién le debemos todo lo que tenemos. Estoy muy agradecido por la oportunidad que me da Dios de esforzarme cada día por mejorar y abundar en buenas obras. Sé que si hacemos lo que nuestro Padre Celestial nos pide, aunque no exentas de obstáculos, nuestras vidas estarán mucho mejor, con la promesa de un lugar a la diestra de Dios.
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